Ávila romántica

Rincones de Ávila para pasear en pareja

Cuatro columnas de granito con una cruz de piedra en el centro sobre una loma seca, con un río y una ciudad amurallada iluminada al fondo al anochecer

Un recorrido sin prisa por la ciudad amurallada, pensado para dos personas que no necesitan llenar cada minuto de conversación.

Ávila se ve en un día, pero se disfruta en dos. Lo que sigue son los sitios donde a nosotros nos gusta pararnos. La lista completa de monumentos la tiene la oficina de turismo.

Los Cuatro Postes, al atardecer

Al otro lado del río Adaja, en una loma, hay un humilladero de cuatro columnas con una cruz en medio. Desde ahí se ve la muralla entera, de punta a punta, con la ciudad detrás. Es la postal.

Id a última hora de la tarde. La piedra se vuelve naranja, luego gris, y en cuanto se encienden las luces de la muralla casi todo el mundo se calla un rato. Llevad abrigo aunque sea mayo: arriba corre aire.

El adarve

Hay tramos de la muralla por los que se puede caminar por arriba, por el adarve. Es estrecho, y obliga a ir en fila o muy juntos, según el humor de cada uno y lo que haya pasado en la comida, porque no hay sitio para caminar enfadados a medio metro de distancia sin que se note. Desde allí se ven los tejados, los patios de los conventos y, del otro lado, el campo que empieza justo donde acaba la piedra.

La catedral metida en la muralla

La cabecera de la catedral de Ávila forma parte de la propia muralla. Es una iglesia que hace de torre de defensa, y por fuera lo parece. Rodeadla por la calle para verlo bien antes de entrar.

San Vicente, fuera de los muros

La basílica de San Vicente está extramuros, frente a una de las puertas. Es románica, y la historia que guarda va de tres hermanos —Vicente, Sabina y Cristeta— que según la tradición fueron martirizados juntos en ese lugar. Se puede entrar o no. Pero sentarse en un banco de la plaza, con la muralla enfrente y la basílica detrás, es de los mejores ratos que da la ciudad.

La Encarnación y la casa de Teresa

Para quien quiera seguir a santa Teresa, hay dos sitios. El convento levantado sobre la casa donde nació, dentro de la muralla, y el monasterio de la Encarnación, fuera, donde vivió buena parte de su vida antes de empezar a fundar.

La distancia entre uno y otro se hace a pie en un paseo corto. Es un buen trayecto para hablar de lo que cuesta cambiar de vida a una edad en que todo el mundo espera que uno ya esté quieto.

El Mercado Chico

La plaza del ayuntamiento, porticada, es el sitio donde la ciudad hace vida. Para un café de media mañana o un vino antes de cenar. En invierno, al sol de la una, está llena; a las nueve de la noche se vacía y vuelve el silencio.

Las calles sin nombre en la guía

Lo mejor de Ávila, al final, son las calles de dentro, las que no salen en ningún folleto. Callejones con un escudo de piedra en la fachada, un palacio cerrado, una puerta de convento por la que, en algunos, se compran dulces a través de un torno sin ver a nadie. Perderse un rato es parte del plan.

Una pareja que lleva veinte años junta y otra que acaba de empezar caminan igual de despacio por esas calles. Es de las pocas cosas que tienen en común. La otra es que, al salir, las dos tienen frío.

Si os queda un día, la provincia tiene más: está en escapadas en pareja por la provincia.

También en esta web: Escapadas en pareja por la provincia de Ávila