Ávila romántica

Ávila en pareja: una ciudad de piedra para gente que aguanta

Muralla medieval de piedra con torres redondas y almenas iluminada por la luz del atardecer, con un camino de tierra y árboles sin hojas junto a su base

Ávila no tiene fama de ciudad romántica. Hace frío, es seria, cierra pronto. Y sin embargo hay pocas ciudades mejores para pasear con alguien con quien se lleva mucho tiempo.

La muralla rodea el casco viejo entero, y eso cambia la forma de caminar. Se puede dar la vuelta por fuera, mirarla desde el otro lado del río o subir al adarve en los tramos abiertos, pero siempre está ahí. Se construyó para resistir. Se nota.

A muchas parejas que vienen a Ávila les pasa algo curioso. Llegan buscando un fin de semana bonito y se van hablando de cosas que en casa no salen. Será el silencio de las calles a partir de las nueve, o el frío, que obliga a ir del brazo.

Lo que la piedra enseña

Una muralla no se levanta en un día ni se mantiene sola. Hay que reparar lo que el hielo agrieta cada invierno, y alguien tiene que hacerlo. Las relaciones largas se parecen bastante a eso. Las parejas que llegan lejos también tienen grietas. Lo que hacen, cuando algo se rompe, es sentarse a arreglarlo antes de que entre el agua.

Es una idea sencilla y nadie la cumple siempre. Pero pasear por el adarve, viendo cómo la ciudad se ha ido apoyando en sus propios muros durante siglos, hace pensar en ella.

Santa Teresa, que no se rendía

En Ávila es imposible no tropezarse con santa Teresa de Jesús. Nació aquí, vivió muchos años en el monasterio de la Encarnación y salió de la ciudad, ya con salud delicada, a fundar conventos por media España, con muchos en contra y caminos que daban miedo. No hace falta compartir su fe para reconocer la tozudez.

Suya es una de las frases que más se repiten en la ciudad: «Nada te turbe, nada te espante». Es lo bastante corta para grabarla dentro de un anillo. También sirve para recordarla cuando el coche no arranca a diez kilómetros del hotel.

Rincones para dos

Los paseos que más nos gustan dentro de la ciudad, a qué hora hacerlos y dónde sentarse a mirar la muralla están en rincones de Ávila para pasear en pareja. Para quien tenga un día más, hay sierra, río y pueblos de piedra a menos de una hora: lo contamos en escapadas en pareja por la provincia.

Cuándo venir

En otoño la piedra se pone dorada a media tarde y hace el frío justo para entrar en un bar a tomar algo caliente. En invierno, alguna vez, nieva sobre la muralla, y quien lo ha visto no lo olvida.

En verano las noches son frescas, la muralla se ilumina en cuanto oscurece y, como en la sierra el calor se va con el sol, se puede pasear a las once sin sudar y volver al hotel con una chaqueta sobre los hombros que no era vuestra al salir.

La primavera tarda en llegar. Cuando llega, el paseo junto al río se llena de gente mayor que pasea despacio, a menudo de dos en dos, y que lleva así toda la vida. Mirarlos un rato también es parte del viaje.

Para pasear juntos